Desarrollar una tecnología dual (civil/militar) es complejo. Pero el verdadero reto comienza cuando llega el momento de explicarla correctamente a un inversor. Porque lo que para el equipo fundador es una innovación evidente, para la parte de inversión puede resultar excesivamente arriesgado.
En este sentido, partimos de un desafío que no es técnico, sino estratégico.
Un inversor no necesita apostar por lo que es interesante, sino por lo que entiende, por lo que ve escalable y por lo que percibe como defendible. Y en el mundo dual, eso requiere un enfoque distinto.
Cuando la tecnología supera la propuesta de valor
Uno de los errores más frecuentes en empresas tecnológicas es presentar su solución desde la arquitectura, el algoritmo o la ingeniería. Todo eso es importante, pero no es suficiente.
Por su parte, el inversor analiza la oportunidad desde otra perspectiva. Quiere comprender qué necesidad concreta cubre la tecnología y si esa necesidad está respaldada por presupuesto y continuidad en el tiempo. En el caso de la defensa y la seguridad, hay que demostrar que resuelve un problema estratégico, conocer quién paga por ello y en qué plazo, así como tener conocimiento de las barreras de entradas (si existen) frente a competidores.
Dual no significa “dos mercados”, significa “dos estrategias”
Muchas empresas presentan su carácter dual como una ventaja: “Tenemos mercado civil y mercado defensa”. Sin embargo, no llegan a definir cómo se aborda cada uno.
El mercado civil y el mercado defensa operan de forma totalmente diferente. Tienen ciclos distintos, procesos de compra diferentes, exigencias regulatorias propias y ritmos de adopción contrarios. Si no se explica claramente cómo se abordará cada ámbito, qué mercado es prioritario y cómo se financiará el cambio de uno a otro, el proyecto puede percibirse como disperso.
En este sentido el inversor necesita claridad. Necesita entender cuál es el punto de entrada, cómo se generará tracción y cuál es el recorrido hacia la escalabilidad. Cuando el enfoque dual se estructura como una hoja de ruta y no como una mera promesa, la percepción de madurez aumenta de manera significativa.
El riesgo percibido: el verdadero obstáculo
En tecnologías duales, el problema no suele ser que la solución no funcione, sino la incertidumbre que la rodea: si depende de contratos públicos que están en el aire, procesos de certificación exigentes y ciclos de adquisición largos. Todo esto son factores que pesan mucho en la decisión de un inversor.
Antes de comprometer capital, un fondo analiza hasta qué punto el proyecto puede avanzar sin quedar bloqueado por factores externos. Por eso, uno de los aspectos más decisivos en una ronda es el nivel de riesgo que parece arrastrar la tecnología. Si la empresa no es capaz de explicar cómo paliar todas estas variables, el proyecto puede resultar atractivo, pero no financiable.
Reducir el riesgo percibido significa demostrar que se entiende el entorno y que existe una estrategia clara para moverse dentro de él. Cuando el inversor lo percibe, la conversación deja de girar en torno a las dudas y empieza a centrarse en el crecimiento.
Hablar el idioma del capital sin dejar de ser tecnológicos
El ecosistema de inversión en defensa está creciendo, tanto es así, que cada vez más fondos ven en las tecnologías duales una oportunidad estratégica, impulsada por el aumento del gasto público y la apuesta por la soberanía tecnológica. Sin embargo, eso no significa que cualquier proyecto deep tech resulte atractivo.
Para captar inversión, el discurso debe incorporar métricas que respalden el crecimiento, cuál es el modelo de ingresos y la previsión del cash flow. No se trata de restar valor a la parte técnica, sino de saber traducirla a términos que el inversor entienda. La clave está en combinar tres elementos, como es tener una base tecnológica sólida, un encaje claro en el contexto estratégico y una estructura financiera bien definida.
Cuando esos tres factores están alineados, la decisión de invertir deja de ser una apuesta arriesgada y pasa a ser una decisión más coherente.
Conclusión: invertir en dual es invertir en contexto
La inversión en tecnologías duales ya no se mueve únicamente por retorno financiero, sino por retorno estratégico. Pero para que un inversor apueste por ellas, necesita entender ya no solo la innovación, sino el contexto en el que la tecnología operará.
Cuando una empresa consigue traducir su innovación en utilidad operativa, encaje estratégico y reducción del riesgo, deja de ser una apuesta incierta y empieza a generar convicción.
Por eso, en estos casos, el acompañamiento especializado puede marcar una diferencia sustancial. Y en White Cirrus trabajamos precisamente en esa intersección entre tecnología, estrategia y financiación, ayudando a que proyectos duales no solo sean innovadores, sino también comprendidos, estructurados y financiables.
Porque en el entorno actual, no basta con desarrollar tecnología avanzada; hay que saber posicionarla donde realmente genera valor.