Por Pedro Díez, CEO de White Cirrus
En la era de la tecnología dual, la soberanía ya no se mide en potencia de fuego, sino en velocidad de adopción.
A menudo, cuando converso con líderes del sector defensa o inversores en Deep Tech, surge la misma pregunta: «Pedro, ¿dónde está el mayor obstáculo hoy en día? ¿Es la inmadurez de la IA? ¿Es la complejidad de convertir tecnología avanzada en soluciones desplegables?».
Mi respuesta, basada tanto en mi experiencia llevando el uniforme como liderando White Cirrus, suele sorprenderles: La tecnología, en la inmensa mayoría de los casos, no es el cuello de botella.
La tecnología ya está aquí. Los drones autónomos, la inteligencia artificial predictiva y los sistemas de ciberseguridad resilientes ya existen y están maduros en el mercado civil. El verdadero desafío, el que nos quita el sueño, es el alineamiento estructural y estratégico necesario para cruzar el abismo que separa la velocidad comercial de la burocracia militar.
El abismo estructural: meses vs. décadas
Vivimos una desconexión temporal peligrosa. El mercado civil incuba tecnologías disruptivas en ciclos de meses. Mientras tanto, los ciclos de desarrollo militar tradicionales abarcan décadas.
Esto crea lo que en la industria llamamos el «Valle de la Muerte»: tecnologías probadas y maduras (TRL 7-9) que mueren antes de llegar al campo de batalla porque los sistemas de adquisición están diseñados para comprar plataformas gigantescas (tanques, fragatas) y no para integrar software ágil o hardware de doble uso que evoluciona cada semana. No es un problema de falta de I+D; es una incapacidad estructural para transferir la innovación.
La soberanía se mide en velocidad
En White Cirrus defendemos una idea clara: La soberanía tecnológica hoy se mide en velocidad.
El mayor reto no es técnico, es cultural. Necesitamos alinear a los stakeholders para que entiendan que integrar tecnología dual no es una opción de «modernización», sino un imperativo de supervivencia. Esto requiere un cambio legislativo y mental: pasar de la «adquisición» tradicional a la «inversión» en resiliencia industrial. Necesitamos modelos de contratación ágil (similares al Defense Innovation Unit «DIU» en EE. UU.) que permitan comprar innovación a la velocidad a la que esta se produce.
El imperativo estratégico
No tenemos el lujo de «esperar a ver qué pasa». El panorama geopolítico se ha radicalizado y la fragmentación estratégica de Europa es una vulnerabilidad que nuestros competidores ya están explotando.
La amenaza existencial no es solo militar, es industrial y tecnológica. Si Europa quiere mantener su relevancia y su seguridad, debe entender que la integración de tecnología civil en defensa debe ser inmediata.
Conclusión
La tecnología está lista para ser desplegada. Los ingenieros han hecho su trabajo. Ahora nos toca a nosotros, los estrategas, los legisladores y los líderes empresariales, hacer el nuestro: hackear la burocracia para dejar entrar al futuro.
En White Cirrus, ese es nuestro terreno. No solo conectamos tecnología; alineamos visiones para asegurar que la innovación llegue a donde más se necesita: a la vanguardia.